Científicos de Argentina, Brasil, Chile, China, Corea, Rusia y Uruguay se han unido para erradicar mosquitos europeos que invaden por estos días a la Antártica. Hasta ahora, se desconoce si llegaron en barco, en avión, en la ropa de un científico o en forma de larva dentro de algún recipiente con agua.

La única certeza es que son un peligro potencial para el ecosistema y que no se puede utilizar insecticida para matarlos.

Sigue batiendo records: Termómetro de la Antártica sobrepasa los 20°C 46 Los investigadores uruguayos Martín Santana y Damián Hagopián, de la Facultad de Ciencias de la Universidad de la República, han sido los encargados de monitorear la isla Rey Jorge ya que se podría alterar el equilibrio del continente hasta un punto sin retorno.

La especie invasora podría sobrevivir Estos mosquitos son holometábolos, es decir, que tienen un desarrollo completo, por lo que las larvas pudieron viajar en el agua que una persona llevó para beber, luego se adaptaron y crecieron hasta convertirse en adultos, explicó Hagopián.

«Lo que preocupa es que pueda adaptarse a las bases, que pueda sobrevivir el invierno acá y luego dispersarse en verano y generar el daño fuera», subrayó Santana.

El alza de la temperatura en la Antártica afectaría la estabilidad de su fauna 23 Durante la época de mayor calor hay muchas especies que sobreviven, ya que las condiciones no difieren mucho de la de otros países del mundo, pero que luego mueren por un frío que se ve en muy pocas zonas del planeta. Otro de los problemas que existe con el mosquito «Trichocera Maculipennis», es que es más grande que el nativo, el «Parochlus Steinenii».

Así, el invasor ocupa parte del nicho del local y le reduce el alimento, sin embargo los científicos reconocieron que «esto no quiere decir que de un día para otro desaparezcan los mosquitos nativos y se llene del invasor. Es algo muy gradual pero puede llegar a ocurrir». Cazando mosquitos Santana y Hagopián llegaron a la Antártica en un vuelo de la Fuerza Aérea uruguaya en el que también llegan otros científicos, tras su paso por Punta Arenas, en el sur de Chile.

Instalados en la isla Rey Jorge, los dos científicos comenzaron a trabajar observando el estado de las trampas de pegamento colocadas en la base un año atrás. «Este es un lugar muy sensible, podría provocar que el ecosistema se venga abajo» Damián Hagopián, investigador La fosa séptica, el comedor y el almacén de la Base Científica Antártica Artigas (BCAA) son algunos de los lugares donde pueden encontrarse pequeños cartones de color blanco con detalles en verde.

Durante su estadía los estudiosos han instalados, entre las bases de Rusia y Chile, trampas de caída para este invasor, las que se hacen visibles mediante pequeños banderines rojos. Consisten en pequeños recipientes que se entierran a nivel de suelo y en los que se coloca líquido fijador -alcohol con un poco de agua y detergente- para romper la presión superficial.

Además, ponen encima unas piedras como para generar un pequeño refugio, en el que intentan que ingresen los mosquitos cuando hay viento. Con estas muestras, los investigadores regresaron a Montevideo para estudiar el insecto en cuestión y poder conocer el acercamiento que tiene este mosquito a los humanos

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