La noche del 16 de enero de 2018 una bola de fuego iluminó el cielo de sobre el Medio Oeste y Ontario (en Canadá) antes de caer sobre un lago congelado en Michigan (Estados Unidos). Era un meteorito, que fue recolectado y estudiado por los científicos de la Universidad de Chicago. Más de dos años después, los hallazgos en la roca señalan la presencia de “compuestos orgánicos extraterrestres” que podrían dar indicios sobre cómo se inició la vida en el planeta Tierra.

“Este meteorito es especial porque cayó sobre un lago congelado y se recuperó rápidamente. Era muy prístino. Pudimos ver que los minerales no estaban muy alterados y luego descubrimos que contenía un rico inventario de compuestos orgánicos extraterrestres”, afirma Philipp Heck, curador del Field Museum, profesor asociado de la Universidad de Chicago y autor principal del artículo publicado en la revista ‘Meteoritics & Planetary Science’.

Para rastrearlo, los cazadores de meteoritos utilizaron un radar meteorológico que señaló el lugar donde aterrizaron las piezas de roca cósmica y después de una exhaustiva búsqueda que duró dos días, pudieron recolectar los restos del meteorito antes de que su composición química cambiara por la exposición al agua líquida.

Imagen fija del video de seguridad de la bola de fuego de Hamburgo grabada desde Toledo OH. Crédito de la imagen: T. Masterson

Imagen fija del video de seguridad de la bola de fuego de Hamburgo grabada desde Toledo OH. Crédito de la imagen: T. Masterson

El tiempo fue vital, porque al poder estudiar el meteorito con sus componentes inalterados, les permitió a los científicos entender cómo son estas rocas cuando todavía están en el espacio exterior, incluyendo los compuestos orgánicos que pueden tener en ellas.

“Este tipo de compuestos orgánicos probablemente fueron entregados a la Tierra primitiva por meteoritos y podrían haber contribuido a los ingredientes de la vida”, agrega Heck.

Se le denomina meteorito a las rocas espaciales que han caído a la tierra y que muchas veces son fragmentos de asteroides que chocan en el espacio exterior. Esos trozos de roca, cuando continúan flotando en el espacio, se les llama meteroides, y en su camino pueden atravesarse con lunas o planetas.

Cuando un meteroide entra en la atmósfera de la Tierra y puede ser visto como una bola de fuego en el cielo o una ‘estrella fugaz’ adquiere el nombre de meteoro, y cuando sus partes sobreviven ese viaje por la atmósfera hasta caer en la tierra, se llaman meteoritos.

Arriba: el meteorito diseccionado. Abajo:  Imagen de microscopio electrónico retrodispersado. Fuente:  wileyonlinelibrary.com

Arriba: el meteorito diseccionado. Abajo: Imagen de microscopio electrónico retrodispersado. Fuente: wileyonlinelibrary.com

El hallazgo del meteorito que calló sobre Michigan en 2018 fue un logro del cazador de meteoritos Robert Ward, quien encontró la primera pieza en la superficie congelada del Strawberry Lake, cerca del municipio de Hamburgo.

Para hacerlo usó el radar meteorológico de la NASA, el cual está destinado a detectar granizo y lluvia. Los trozos del meteorito en cuestión estaban dentro de ese rango de tamaño cuando hicieron su viaje aquella noche de enero, lo que permitió que fueran rastreados por el radar meteorológico y su lugar de aterrizaje determinado con rapidez.

Ward, junto con Terry Bourdreaux, otro cazametoritos, donaron los restos encontrados al Fiel Museum, donde Heck y Jenni Greer, una estudiante de posgrado en la Universidad de Chicago, comenzaron a estudiarlo.

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