Guatemala, 30 ago (Prensa Latina) El asesinato de la lideresa boliviana aymara Bartolina Sisa el 5 de septiembre de 1782 convoca cada año en esa fecha a las mujeres indígenas a repensar su historia y futuro, en un con-texto marcado por la exclusión social y la pobreza, pese a representar más de la mitad de la población de América Latina.
La idea surgió en el Segundo Encuentro de Organizaciones y Movimientos de América, y desde entonces organizaciones sociales, organismos internacionales y autoridades se suman a un recuento de luchas y aportes, a veces invisibilizados para acallar voces y movimientos incómodos para los sectores de poder.

Este 2020 recibe un nuevo Día Internacional de las Mujeres Indígenas con flagelos como analfabetismo, discriminación, violencia y racismo como hilos conductores a nivel global, aunque también comienza a verse en el horizonte más liderazgo y empoderamiento económico.

A esta realidad no escapa la sociedad guatemalteca, visceralmente machista y con un odio histórico hacia lo indio, tanto que la pronunciación de este vocablo equivale al mayor insulto, y la renuncia a la vestimenta típica se ve a menudo como única opción para la aceptación.

Sandra Xinico Batz, una joven maya kakchiquel, transitó por ese camino y en la actualidad es una voz muy activa en defensa de los territorios desde columnas de opinión en la prensa local.

A su juicio, cada 5 de septiembre es un ‘día en el que podemos reflexionar sobre cómo estamos en la relación entre hombres y mujeres, pero también entre mujeres indígenas y no indígenas. Porque la realidad es que lo que producen nuestros cuerpos, y/o nuestra intelectualidad, está desvalorizado, es lo más bajo de la sociedad’.

Xinico creció en un entorno comunitario, pero con 15 años migró para educarse. ‘Muchas optamos por camuflarnos, ceder nuestra identidad indígena… Fue una forma de resguardarme del racismo de nuestra sociedad’, cuenta sobre esa primera experiencia de vida, que pasó por el doloroso despojo para regresar a sus orígenes.

El posicionamiento de las indígenas en Guatemala comienza por la dignificación. ‘En el entorno en el que vivimos el en-foque es sobrevivir. La cuestión cultural sigue determinando nuestras oportunidades, y de hecho no las hay, porque prima el rol de la reproducción, el estar sometida a la servidumbre, al cuidado de todos’.

Para cambiar siglos de inequidad, junto a Xinico hay todo un movimiento feminista desde las comunidades que apuesta a construir procesos diferentes para las más jóvenes y romper la triple discriminación: ser mujer, indígena y vivir en el ámbito rural

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